Roberto Rincon
Stanley Kubrick es uno de esos directores que marca tanto con sus películas que es imposible olvidarlas. Cualquiera que haya visto La naranja mecánica (1971) sabrá de los hablamos. Basta con ver el trailer como un pequeño abre boca de lo que verá para constatar que es una película que trata temas complicados como lo es la psicopatía. Aunque en este caso, en vez de experimentar alguna anima-adversión, termina el espectador identificándose con Alex, el personaje principal y psicópata.
Una rápida mirada a toda la historia puede hacer que, como dijimos, nos identifiquemos con el personaje principal (psicópata). Este dilema no es casual, Kubrick está reconociendo el hecho que todos compartimos una perversión relacionada con la muerte o la simple transgresión contra una persona por el simple placer de "poder hacerlo". Partiendo de ahí, es lógico que reconozcamos la perversión del personaje del escritor al construir su venganza, los ejercicios experimentales del psiquiatra que intenta corregirle su psicopatía o el carcelero que se pavonea con el poder que ejerce sobre los otros.
Esta es una película que no muchos aprecian porque Kubrick mete el dedo en la llaga en la herida de una sociedad que se refugia bajo acuerdos o leyes para calmar sus perversiones. Es decir, todas las perversiones mostradas en la película son "legales" y "aceptadas" salvo la de Alex. Sin embargo, solo hay uno que paga todos los platos rotos.
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